Sigo subiendo latitudes, cada vez más al norte, y conforme más al norte más sureño me siento. La xenofobia y el racismo está aumentando exponencialmente en estos países debido a la crisis de lxs refugiadxs, y lo noto en mi propia piel. Me ven muy marrón de piel, extranjero, me miran mal, con miedo, apenas me tratan…es especialmente grave en los pueblos y pequeñas ciudades, donde aún hay menos diversidad.
Conforme avanzo entiendo esa preocupación de una señora mayor, durante una de mis primeras noches en Polonia, de saber si yo era “turista” (en oposición a refugiado), mientras “hablaba” conmigo en el cementerio donde iba a pasar la noche.
“Refugiadx” es ahora considerado como un insulto por lxs adolescentes polacxs…y es triste, mucho.
Y a pesar de todo, me es muy interesante dejar de tener el privilegio blanco que poseo, es un trabajo de auto-reflexión acerca de mi privilegio, de sentirme parte de la otredad también en ese aspecto, de sentirme despreciado cómo se sienten ellos cuando llegan huyendo de las guerras en sus países.
No soy lo suficientemente blanco…