Hay algo que ha estado siempre presente en mi vida, desde muy peque, y es el deporte y la actividad física. Diferentes y diversos, en distintos grados, con mayor o menor implicación, para divertirme, para cuidarme, para ponerme en forma, para socializar, para vivir, para ser feliz, para disfrutar el momento…es algo que me ilusiona en numerosas de sus variantes (que no todas).
Cuando empecé a considerar la posibilidad de una transición hormonal algunas de las primeras y principales cuestiones que me surgieron fueron: “¿Y ahora qué? ¿Me olvido del deporte? No podré entrenar con gente, no podré ni siquiera participar en la carrera popular de mi barrio, ¿tengo que elegir entre el deporte y la transición hormonal?”
Por suerte todo esto no me echó para atrás, di el paso hacia una transición hormonal y fue un “y ahora a ver qué hacemos con esto otro”. Seguí con mis deportes, y no me preocupé de gran cosa más. Me iba metiendo en espacios de clubs de montañismo y escalada, gimnasios, piscinas, eventos cicloturistas, competiciones de triatlón, de duatlón…¡y podía competir!
Había algo que aún no había hecho, una idea metida en la cabeza desde hacía mucho tiempo. ¿Seré capaz? Un viaje, un reto, un buscarme…¿y quizás encontrarme? Un conocer.
Para mí la transición es un viaje, puede ser que con un principio, pero es un viaje sin final, un viaje para disfrutarlo toda la vida. Este otro viaje en que ahora estoy tiene un principio, sí; y creo que también un final, lo veré cuando llegue; pero es también un viaje para disfrutarlo, y que hago como medio de auto-cuidado (self-care), al igual que lo fue y es el transitar.
El 13 de febrero de 2013 fue el primer día que apliqué gel de testosterona a mi cuerpo. Curiosamente, también un 13 de febrero, pero de 2017, cogí la bicicleta en Málaga y emprendí un viaje que me está llevando por numerosos países y culturas de Europa.
Es un reto conmigo misme, con mi cuerpo, con escucharlo, ver hasta dónde puede llegar. Había miedos, dudas, pero no quería dejar que condujesen mi vida, quiero ser yo quien la dirija, quien decida sobre mi cuerpo, mi vida, mi forma de vivirla. Hay momentos en que me pregunto por qué hago esto, para qué, qué sentido tiene este viaje. Luego conozco activistas trans/queer/feministas en mi camino y le voy dando sentido a este viaje, a las diversas formas de ser trans y experiencias según los países.
Llego a Atenas. Estoy en el estadio Panathenaic, donde se celebraron los primeros Juegos Olímpicos Modernos, hay una energía especial. Necesitaba venir aquí, ha sido como encontrarme con el deporte, con los valores que tanto me gustan de él…he pedaleado 8 semanas y 6300km desde Málaga para venir aquí, ¿o quizás el camino hasta aquí ha significado más? Puede que no vaya a ser jamás un deportista olímpico, pero para mí, este viaje está significando mucho más que eso. En lo que fueron los pasillos a los vestuarios es una antigua cueva donde las mujeres hacían brujería, se siente esa magia, junto con la de les deportistas que caminaron por aquí para intentar llegar lo más lejos posible con su cuerpo. El cuerpo…tan presente a veces en el ser trans, tan presente en el deporte, el motor y combustible en este viaje, mi cuerpo.
Muchas veces soy consciente de que me es mucho más fácil porque las personas me leen como hombre, pero a veces tengo miedo…¿y si me pillan “yendo al baño” (que me ha pasado en varias ocasiones) y luego me siguen? Estoy cruzando fronteras con un pasaporte que dice que soy mujer, y aunque tengo el nombre cambiado, sé que puedo tener problemas. Por ahora he entrado a Montenegro, Bosnia, Albania, Macedonia…pero en cada frontera vuelve el miedo: ¿Llevas alcohol? ¿Drogas? ¿Medicamentos? “No, no” (y pienso, bueno, 5 dosis de testosterona, que ni sé si son legales en este país…). Y es que, a todos los preparativos “normales” de un viaje así, yo tuve que añadirles el “problema” de las hormonas. No podía llevarme 6 cajas de testogel, por volumen y peso que ocupan en la bici; la solución eran las inyecciones, o dejar la testosterona. No sé cuándo tengo ducha, cuando tengo privacidad, tener la regla en un viaje como este es realmente de lo menos práctico, así que descarté esta opción. Por ahora he conseguido médicos que me la pongan en Croacia y Grecia, y algo tan sencillo se está convirtiendo en una parte más de las experiencias y aventuras de mi viaje en bici.
El viaje continúa, mi transición continúa. Espero seguir conociendo personas, activistas, lugares, culturas. A veces siento que este viaje es cada vez más sobre las personas y menos sobre los lugares, al igual que el ser trans también me ha ofrecido la oportunidad de conocer a grandísimas personas, de aprender tanto de ellas.
Empecé el viaje en bici en Málaga, de donde es mi madre. Quiero terminarlo en Aurich, de donde es mi padre. Quizás unir esas dos ciudades me ayude a seguir buscándome, pero espero no terminar de encontrarme nunca, para no perder esa curiosidad de conocerme, y seguir teniendo oportunidades de sorprenderme.