Intentando pensar en las experiencias de sexualidad de las mujeres cercanas, intentando entender la evolución y sobre todo intentando entender cómo es posible que hayamos llegado a ocultar de tal manera nuestro disfrute sexual permitiendo y colaborando en el los otros al mismo tiempo que intentamos desarrollarnos como mujeres modernas, competentes, capaces, independendientes. Al mismo tiempo que esto sucede, presencio una escena común:
Una terraza de verano, un grupo de hombres y mujeres de unos 70 años, parecen grandes amigos, una pandilla. Están cerca del río, calor, mosquitos, cervezas, amigos, risas, chistes subiditos de tono y todo el mundo se ríe, hombres y mujeres. Las risas desde fuera parecen iguales, todos se ríen por igual por el mismo chiste verde pero cuántas de esas mujeres que ríen no saben lo que es disfrutar de su cuerpo, cuántas de ellas ríen sin ganas, cuántas de ellas se sonrojarían por vergüenza y pudor si preguntáramos por masturbación, cuántas se masturban, o piden a sus parejas lo que desean. Cuántas veces nos hemos prestado a servir de tapadera para seguir ocultando que no, que no me hacen gracia esos chistes que no me representan, que no muestran mi deseo, que no me gustan porque no sé lo que es un orgasmo o que recuerdo que una vez tuve uno o que podría prescindir del sexo porque no disfruto, simplemente “te presto mi cuerpo un rato”.
Pensando en cómo podríamos haber sido educadas de otra manera, en cómo hubiera sido posible para nuestras madres enseñarnos otra forma de disfrutar del cuerpo… Sin conocer el suyo propio… Cuántas oportunidades perdidas de hablar de sexo… De hablar… de dónde está el clítoris… de que es normal que te apetezca estimularlo… de que no pasa nada porque lo hagas… de dónde está cada cosa.. De que es importante conocer tu cuerpo… Cuidarlo, amarlo… Que tenemos las mismas necesidades, deseos… Que no somos malas por disfrutar del sexo… Pero difícil plantearlo. Cómo podrían haberlo hecho de otra manera? Cómo romper barreras?
Negar el cuerpo de mujer y el deseo femenino es la herramienta más poderosa para dominarnos, difuminar el límite de mí m
isma para crear aún más la sensación de pertenecer al otro, de no poseerme para ser poseída por otros, yo no soy mía, soy del otro. Mi cuepo le sirve. Alienación total.
Como psicóloga mi herramienta es la de expresar siempre teniendo presente que nuestra comunicación está llena de trampas que enmascaran y perpetúan esta situación, hay que cuidar el lenguaje, cuidar los actos y cuidar lo que los otros dicen. Parar la conversación para corregir las trampas, visibilizar las sutilezas, traer al frente lo que se intenta ocultar para hacer ver que nos pertenecemos, que somos todos iguales hombres y mujeres, que todos tenemos deseos, curiosidades, inquietudes… Y una vez con todo sobre la mesa, vamos a trabajar, así el juego es más limpio, más honesto, más igualitario. Ahora, ya podemos poseernos a nosotras mismas, reapropiarnos de nosotras, conquistemos nuestro cuerpo como territorio okupado.

Conquistemos nuestro cuerpo como territorio okupado

Publicado 29 de Agosto de 2012 por