En 1981 Paul Watzlawick publica su Teoría de la Comunicación Humana. En esta obra plantea cinco axiomas que se dan indefectiblemente en todo acto comunicativo. Entre ellos:

  • Es imposible no comunicar
  • Toda comunicación tiene un componente digital y un componente analógico
  • Toda comunicación produce un efecto en el receptor y de ahí parte la estructura Relacional de la comunicación

Se puede afirmar que la psicoterapia actúa permanentemente como una herramienta de modelaje para el feminismo. La terapeuta, a sabiendas de estos hechos, debe ejercer su activismo ideológico para promover la igualdad de los géneros.

El proceso terapeútico comienza con la escucha, atender la demanda y comprender el marco contextual en el que se plantea “el problema”. Es una escucha activa. Para ello, la terapeuta debe hacer previamente un trabajo personal en el que elimine los sesgos estereotipados, debe estar libre de prejuicios.

Un problema se ha convertido en tal porque el sistema no ha sido capaz de organizarse de forma sana en torno a él. El hecho de que no se haya asumido lo convierte en algo incómodo, doloroso. Comienzan a aparecer intentos de solución, a veces funciona, otras no. Se busca ayuda y se presenta en forma de queja que la terapeuta convierte en demanda, versión práctica y positiva de la queja.

Una vez queda clara la demanda, hay que encontrar la manera en que el problema no “atasque” el sistema familiar. La solución debe partir de comportamientos que el propio sistema ya tuviera, de sus recursos, es lo que llamamos el marco de referencia. Una vez que este se reorganiza, la demanda inicial deja de manifestarse como una queja, ha sido asumido por el sistema de forma cómoda.

Lo descrito con anterioridad es, ni más ni menos, un escueto y simplificado resumen de la terapia. Durante todo el proceso, la terapeuta mantiene una escucha activa, se sirve de la empatía, investiga cuáles han sido las soluciones intentadas fallidas, investiga las excepciones, hace comentarios, preguntas, gestos y todo ello debe estar impregnado de feminismo.

El hecho de encontrar una terapeuta y no un terapeuta va marcando diferencias. Es una mujer quien controla la situación. Este hecho va abriendo el abanico de posibilidades que la familia, casi siempre sumergida en un contexto patriarcal, comienza a vislumbrar. Se abren caminos para el cambio (Matthew Selekman, 1996).

No caben diferencias en la jerarquía ni verbales, ni gestuales, ni relacionales, no se admiten desvalorizaciones a la labor que haya ejercido la mujer, se enfatizan todos los valores de los diferentes ejes vitales: sexuales, académicos, profesionales… debe usarse un lenguaje igualitario, no sexista, que incluya todas las opciones de vida, todas las alternativas, todas las identidades, que no insinúe ningún menosprecio, es decir, se debe mantener el respeto a todas las partes.

Ya sea de forma verbal o no verbal la terapeuta va filtrando mensajes en la forma de expresarse que influyen sobre el receptor, es así como las terapeutas podemos favorecer una actitud feministas en los otros y otras.

De esta manera, sucede que durante la psicoterapia (individual, de pareja, de familia o de grupo) da lugar un intercambio muy valioso que no sólo produce efectos en el sentido de una mejora de vida en cuanto a la demanda planteada, sino que produce cambios en otros niveles que en principio, no se han solicitado e incluso no han sido previstos.

(originalmente publicado como Psicoterapia como herramienta feminista el 14 de Junio de 2012)